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Acerca del Rey Lear y el autoconocimiento marzo 17, 2008

Filed under: comentarios de libros,Literatura,teatro — Netoli @ 2:09 am

Esta grandiosa obra de Shakespeare se conjugan diversos sentimientos que escarban en lo profundo de lo humano para al final generar un conjunto magistral que va de la mano con la tragedia de sus personajes y, en el fondo, de la vida.

Vemos a un rey Lear despótico, el cual presenta un asomo de demencia senil y ésta será la que desencadene su tragedia. Sumado a su despotismo, la ausencia de autoconocimiento y de autocrítica se transformará en eje dentro de la obra.

Esta falta de conocimiento se manifiesta en el destierro de dos personajes que se caracterizarán por su fidelidad: Cordelia y Kent. También en la distribución de su reino el cual deja prácticamente en manos de sus malévolas hijas, muestra total de cinismo, crueldad y desconsideración.

La lisonja como una herramienta utilizada por la mayoría de los personajes, es manifestada como el licor que pudre al reino y a las relaciones humanas. Es el conde de Kent quien manifiesta su daño:

EL CONDE DE KENT: – Señor, en buena fe y pura verdad, salvo el respeto que debo a vuestra grandeza, cuya presencia, como los fuegos que coronan la frente radiante de Febo…
EL DUQUE DE CORNUALLES: – ¿Qué significa eso?
EL CONDE DE KENT: Es para variar de estilo, ya que el mío os desagrada tanto. No, no soy adulador; pero el que os engañó por medio de un discurso lleno de franqueza, en apariencia, era un malvado brivón, lo cual nunca seré yo, aunque hubiese de incurrir en vuestro desagrado.

Y es ese discurso el que pierde a Lear hasta convertirlo en un mendigo. Un mendigo extraviado en su locura, ya que nunca fue capaz de percatarse en el momento de su decisión con respecto al reino, del cinismo y adulación de sus hijas (Goneril y Regan) Ni de conocer realmente el amor de Cordelia ni de Kent. A medida que avanza la obra, Lear en medio de su locura va reconociendo sus errores, pero que será incapaz de resarsir y esto queda manifestado en su discurso final cuando señala “nunca” con una intensidad que sella su imposibilidad:

LEAR: ¡También estrangulado mi pobre servidor![…] Nunca más volverás, ¡nunca, nunca, nunca, nunca, nunca![…]

Varios personajes se representan en diversos tonos sin necesariamente caer en el maniqueísmo. Así se presenta la maldad de Goneril y Regan, quienes sucumbirán bajo su propia ley. El duque de Cornualles y Edmundo llevarán hasta los límites la ambición representada bajo el maquiavelismo de éste último, quien será capaz de armar todo un complot para quedarse con el reino.

Por el otro bando la franqueza, la fidelidad y el amor filial representados en Cordelia, Kent y Edgardo, quienes para sobreponerse a tanto odio y falsedad, deberán inmolarse y pasar por diversos sufrimientos.

No puedo no mencionar al bufón quien será vital apoyo para Lear en este camino del autoconocimiento a través de su lengua astuta e incluso sibilina.

Engaños, asesinatos, despecho y pasión serán los elementos gravitantes de esta obra marcada por la falta de conocimiento y de autocrítica por parte de Lear.

 

LA IMAGEN DEL AGUA EN LA AMORTAJADA, DE Mª LUISA BOMBAL marzo 12, 2008

Filed under: comentarios de libros,Historia,Literatura — Netoli @ 2:36 am

Por Marco Aurelio Rodríguez

―Y el poeta nos dice que en la noche estrellada
Vienes a recoger las flores que cortaste,
Y que ha visto en el agua, recostada en sus velos,
Como una gran flor de lis, la blanca Ofelia flotar

(Arthur Rimbaud).

Ofelia, desde mucho antes que Shakespeare, alude al sueño de la princesa dormida, sumida en las aguas de los bosques encantados.

Prometida del atormentado príncipe Hamlet, enloquece cuando éste, por confusión, mata a su padre Polonio y chambelán de Hamlet. En su desvarío, Ofelia vagabundea junto a un lago, recogiendo flores, y muere ahogada en sus aguas inútiles. El nombre “Ofelia” podría estar inspirado en el griego he ofeleía (el socorro, la ayuda) o quizás derivar de la palabra griega apheleia, que quiere decir inocencia.

Los símbolos son un coeficiente de los misterios del espíritu humano que el arte presiente y reconvierte a cada momento. Es lícito pensar que Shakespeare, en el nicho del agua, en esa cripta, salvaguarda la dulzura, la sencillez, el candor, la sinceridad, la delicadeza (en los sentimientos y en los actos) y, sobre todo, la inocencia de una niña impoluta, tanto en su forma de relacionarse con su hermano hasta la sumisión y humildad que muestra hacia su padre, o por su timidez en presencia del amante frente al estremecimiento de su delirio.

El agua es ―para Cirlot― el elemento “mediador entre la vida y la muerte, en la doble corriente positiva y negativa, de creación y destrucción”. El agua primitiva de la vida y las aguas finales del inconsciente.

El agua, de por sí amorfa, no asiste a otra representación más que a la de Ofelia a modo de sinécdoque (su cabellera infinita, su cuerpo de niña que juega un sueño incorrupto). Su figura connota la atracción hermosa de la muerte que seduce a los poetas “en una gradual progresión que lleva al sujeto a desear no ser en lugar de ser, ese anhelo oscuro que también animaba el soliloquio de Hamlet”.

El agua (el río) muestra voluntad de bosque que seduce y atrae a su jergón, de meandro que inunda a la doncella, como en El laberinto del Fauno (inspirada rotundamente en el relato El libro verde, de Arthur Machen), esa niña-Ofelia asesinada por su ogro-padrastro.

Ana María, La Amortajada de Mª Luisa Bombal, que “no ignora que la masa sombría de una cabellera desplegada presta a toda mujer extendida y durmiendo un ceño de misterio, un perturbador encanto” (10) , es la imagen de la princesa dormida. Lo mismo que todos los personajes de la Bombal. Y, de modo semejante que la Bombal con sus personajes femeninos, Ana María revive a su madre: “Algo así como un perfume flotaba alrededor de la tierna evocación” (35).

Recuerdo el caso de una anciana que, al despedirse de su hermana que yacía en una caja mortuoria, veía a través del vidrio la imagen de sí misma. ¡Eran idénticas, la viva y la muerta separadas por un espejo de agua! La cripta es un espejo donde se refleja el mundo. La cripta es un espejo que piensa el mundo. Cuando la Bella Durmiente es abatida en su sueño de cien años, “todos se durmieron, para no despertarse más que en el momento en el cual lo hiciera su dueña, a fin de estar dispuestos a servirla en cuanto ella los necesitase, e igual sucedió con los asadores que se encontraban encima del fuego llenos de perdices y faisanes, pues se unieron en el sueño, inmovilizándose, como también las llamas”.

¿Qué le ocurre a La Amortajada con su esposo? ¿Puede reflejar su ser en él…?
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