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La metamorfosis y Kafka: el reflejo de una vida desgarrada. mayo 14, 2009

Filed under: comentarios de libros,Literatura — Netoli @ 2:45 am


Entendemos el término “pasión” como entusiasmo por la vida. En el caso de Kafka no era entusiasmo como tal, pero el desgarro de su alma dolorida manifestada a través de todas sus obras, se nos refleja hasta el extremo en esta su obra cumbre: La metamorfosis.

No tuvo una vida extensa, murió debido a la tuberculosis en 1931. Aunque en su imaginación murió muchas veces. Esa creatividad fúnebre la llevó magistralmente a sus escritos en los que mostraba diversas maneras de extinguirse, de desaparecer, de no ser.

Una de ellas es la Metamorfosis. En la metáfora de la transformación en un bicho, Kafka nos muestra el profundo dolor humano, el desprecio de su condición a través de su propio sufrimiento, de su sentimiento de exilio frente a la vida y la sociedad.

La sublimación de todo aquello que torturaba su alma, lo logró por medio de la escritura. Fue su forma de manifestación más elocuente de todo aquello que ocultaba, de todo aquello que lo hacía parecer frente a los otros como un “santo”.

Podríamos decir que toda su creación es el resultado de su profundo desasosiego frente a la vida y de las terribles relaciones que estableció con sus padres. En este sentido, la tortuosa relación con su padre y lo que su figura representaba, conformó gran parte de su personalidad y su forma de entender el mundo.

Su padre siempre lo despreció. Lo veía como un ser endeble y debilucho. De partida, el padre era un ser grande y voluminoso, que comía carne y que era totalmente pedestre. En cambio Kafka sufría de una complexión débil, un pecho hundido acompañaba a unas piernas largas y delgadas…además de ser vegetariano y de masticar un alimento más de diez veces antes de digerirlo.

Kafka vivió con sus padres durante la mayor parte de su vida (aun cuando gozaba de independencia económica y podría haberse mudado) La cercana convivencia con ellos ponía a prueba diariamente su hipersensibilidad a los ruidos. Como ya había dicho, para Kafka padre – un hombre gigantesco – su hijo era un fracaso y un Schlemiel (un inútil), una gran desilusión, y nunca dudó en hacérselo saber.

Esto hizo que Franz viviera con mucho temor. El tema del poder será un tópico recurrente en su obra.

En la Metamorfosis vemos una metáfora de estos aspectos. Si bien es cierto, Gregorio nunca es un bicho, su desadaptación social y sus relaciones con los demás miembros de su familia (lo que ésto representa) hace que realmente lo sea. Esto refleja la concepción que Kafka tenía de sí mismo, su afán de autodestrucción y su problema con el cuerpo y la sexualidad. El hecho de que el padre le lance la manzana no es un hecho fortuito. La manzana como símbolo de la discordia entre el ser humano y el dios, en el libro de Kafka se transforma en el desprecio absoluto del padre hacia su vástago y no al revés.

Sin duda, hay muchos aspectos en esta obra que nos invitan a una intepretación. También debemos considerar que la metamorfosis de Gregorio no es un milagro y ni siquiera le sorprende. Sucede y él tiene que adaptarse. Lo más importante en esta gran fábula, no es el sufrimiento de Gregorio, sino el que él causa, sin darse cuenta, a sus padres y a su hermana. Esto refleja los propios sentimientos de insuficiencia que Kafka sentía con respecto a su familia.

 

Albert Camus y “La Peste”. El legado del último humanista. mayo 11, 2009

Filed under: comentarios de libros,Literatura — Netoli @ 11:51 pm


de David Zane Mairowitz (fragmento extraído de “Camus para principiantes” ed. Era Naciente, 1999)

«Ningún pueblo puede vivir sin belleza. Sólo puede sobrevivir un tiempo. Y esta Europa que aquí muestra uno de sus rostros más persistentes se aparta de manera incesante de la belleza.»
Albert Camus 1913-1960

En 1943, cuando los nazis invadieron la llamada “Zona libre”, asumiendo así el control de la mitad meridional de Francia junto con la septentrional, Camus declaró que habían llegado “como las ratas”.

Y de hecho, las ratas constituyen la imagen central del comienzo de su novela clásica: La peste.

Orán, ciudad argelina del Mediterráneo donde el propio Camus había vivido un breve lapso, es descrita como la más “común” de las ciudades, un lugar “sin palomas, sin árboles ni jardines…un sitio neutral”.

Hay pueblos y ciudades en los que su gente tiene de tanto en tanto una vislumbre de algo más. Sin embargo, Orán parece ser una ciudad sin vislumbres, o sea, una ciudad totalmente moderna.

Nos hallamos en el ámbito de la tragedia griega. La ciudad es, de hecho, el personaje central de esta “crónica”, y su eje espiritual es su destino colectivo a manos de la naturaleza devastadora. Desde luego, Camus no esconde que Orán es una metáfora de la Francia ocupada y apartada de la civilización por “la peste” nazi; pero es asimismo la prueba suprema de la solidaridad frente a la muerte masiva en cualquier lugar del mundo.

En la peste no hay verdaderos protagonistas, y nadie sufre gran transformación espiritual en el curso de su desarrollo inexorable. Sólo hay una serie de personajes de variable importancia, conectados por el tema de la novela pero a los que no pueden considerarse representativos de un “relato” con “intrigas” entrelazadas. No es raro, por tratarse de Camus, que este grupo esté formado en su totalidad por hombre del continente europeo. En esta ciudad “argelina”, salvo por una referencia ocasional a sus condiciones sanitarias, no parece haber la más mínima huella de su población árabe.

En la mañana del 16 de abril, el Dr. Bernard Rieux dejó su consultorio y se topó con una rata muerta en el rellano de la escalera.
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