Literlabia

Letras, comentarios, cuentos breves, literatura, historia…

La presencia de las Musas octubre 21, 2009

Filed under: Literatura,poemas — Netoli @ 11:44 pm
Tags:


No son los hombres quienes pueden pronunciar las palabras que definan al universo y las cosas. Frente a éste y su magnificencia sólo nos queda el pudor. Frente a ese pudor está el silencio. Los griegos lo denominaron aidós, como un sentimiento de vergüenza o decoro. Empero, no es un sentimiento de pudor tal como pueda concebirlo el hombre moderno; sino más bien, respeto por lo sagrado y lo divino .

Ante la grandiosidad de aquello que no podemos acceder y que debe sernos revelado, surge la Musa como aquella música (mousiké) que debe ser escuchada. Aquella voz melodiosa anuncia los asuntos que nos conectarán con lo divino. Ella será la única que pueda pronunciar, a través de una palabra que no nos es cotidiana, la esencia de lo divino. Quien sepa escucharla, podrá comunicar lo que a la divinidad respecta, porque ellas mismas son la divinidad.

A ellas que se les designa como Olímpicas, revelan la verdad. Fueron creadas para tal propósito como señala W. Otto a través de la explicación del “Himno a Zeus” de Píndaro. Mito conocido que relata que en el origen del mundo, ante la maravilla de la creación, los dioses en muda contemplación – sin saber cómo pronunciar aquello – piden a Zeus una voz divina que alabe a la creación en palabras y música. El dios crea así a las Musas, quienes serán las únicas que tendrán un lenguaje que pueda descifrar y mostrar lo divino. Gracias a su canto, la creación es completada.

Antes de ellas, nada podía ser pronunciado. Sólo habitaba un silencio henchido de significados. La existencia de las cosas se debía a que el silencio cobrara forma y fuese dicho. Entonces la Musa revela. La Musa otorga otra dimensión al silencio, el cual se vuelve materia sonora. No obstante las Musas no sólo nos hablan a través del canto, sino también a través de la danza. Música y danza conllevan en sí lo verdadero, lo primigenio, lo fundante que permitirá el surgimiento de un hablar originario, gracias a la conexión con el alma humana y su continuo movimiento .

Frente a la creación, los dioses permanecieron en un silencio colmado de significados. La Musa enseña esta creación y el hombre como último ser de esta cadena – quien, gracias a su alma, comparte la música divina – contempla la naturaleza y frente a la perfección que ésta presenta, se halla en silencio. Por esto, el ser humano no puede descifrar lo que le rodea. Como ínfimo ser, de él no surgen las cosas. Tampoco de su palabra. Es la Palabra que portan las Musas quienes dirán lo que es y el hombre, entonces, deberá aprender a escuchar. Quedar en un silencio presto al verdadero significado, para luego ser intérprete de aquello que ha tenido la oportunidad de oír. Por lo tanto, el silencio que sigue a su escucha es uno pleno, pues ya conoce los significados que antes les eran desconocidos y que gracias a las Musas le han sido revelados. En la magnificencia de ese conocimiento, el hombre recrea. El silencio que constituye la recreación es uno que está habitado por una sublime armonía.

Para los antiguos griegos, el lenguaje surge como revelación de la divinidad. Frente a esta concepción se sitúa el aidós y el gnothi seautón, “conócete a ti mismo”, pues el ser humano nunca podrá estar a la altura de los dioses y debe reconocer su pequeñez. Entre ellos hay una distancia infranqueable. En medio de esta distancia se encuentra la Musa, pues en palabras de Platón, es ella – junto con Apolo Muságeta – quien le conducirá hacia lo que es recto.

Reconociendo el hombre su posición frente al cosmos y su impotencia frente a la omnipotencia de los dioses, debe aprender a escuchar y callar. Gnothi seautón – que en el fondo nos indica “nada en exceso -, será la condición necesaria que permita “hablar” a la Musa que se dirigirá a quien sea escogido para ello, a quien sepa percibir su canto.

En este sentido, la figura del poeta griego se presenta como intérprete de la Musa. Lo que éste nos revela es el resultado de un silencio armónico de quien ha sabido callar su voz, la cual es insuficiente para mostrar lo verdadero, aquello que reside en la naturaleza y es inefable. Por lo tanto lo que nos dice el cantor no es sino el eco de aquella verdad pronunciada por las Musas.

De esta manera, podemos situar al poeta como “oyente” quien escucha un susurro que lo llama y que se halla en consonancia con su propia voz. El resultado de este silencio que se vuelve sonoro es la palabra inagotable, perenne, aquella que no se extingue porque posee los tonos de la divinidad.

El poeta es el destinatario del relato primigenio de las Musas. Canto que eleva a la palabra revelada como condición original del mundo. De este modo, el poeta griego establece una relación con ellas fundada en el oído y el canto que se hace patente en la voz del vate. En su saber escuchar, las Musas lo hacen su elegido. Frente a la sabiduría de las Olímpicas, el cantor se entrega a quienes alumbrarán su espíritu.

Anuncios
 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s