Literlabia

Letras, comentarios, cuentos breves, literatura, historia…

Los cuentos que no hablaron octubre 26, 2007

Filed under: cuentos — Netoli @ 1:07 am

Se quedaron encerrados entre los 50 mil que participaron en la convocatoria “Santiago en 100 palabras”. En honor a ellos, porque creo que se lo merecen, los publico acá:

Guliano

Guliano se mira al espejo con la luz tardía que anuncia a los pájaros la despedida. Se enciende entonces la lámpara de su espacio, inundando con ella los afiches desleídos y vaporizados de una moda. Detrás de su espacio, un viejo sillón verde se interroga por las horas sucedidas del día retratado en las noticias del diario olvidado.

Guliano se refleja en los vidrios de las ventanas que dicen de lunes a viernes $2000 y sábados $3000. Una tímida tijera, que ensombrece el rostro de una intrigante mujer, espera en la puerta el golpe de una mano ansiosa por cabelleras nuevas.

Puedo

Puedo ser la falda y la entrega. El escaparate vacío y la mudanza. Puedo ser y no me dejas. Tonto. Y de capirote.

Oleadas

Conocí a una mujer que decía ser fuerte y no derramaba lágrimas. Detrás de los pies firmes siempre dejaba una interrogante. Su vida, como el océano, había sido de oleadas constantes, siempre permanentes, siempre disímiles.

Cada una de nosotras lleva un océano dentro. Cada ola, marea, la sometemos a los desvaríos de la luna. Los otros, no nos entienden. Creen estar cerca de nosotras, pero navegan en la balsa más poniente, esa donde se esconde el sol, y desde ahí nos observan.

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Un engendro agosto 31, 2007

Filed under: cuentos — Netoli @ 12:16 am

km

No sé de qué fiereza y piel se pudo haber credo este engendro que le han tapado la boca tantos siglos y que, aún así, ha dicho “esta boca es mía” y ha pregonado por los cuatro vientos su condición de fiera, fiera disfrazada, con alma de caramelo. El calor de un hombre lo derrite y puede extinguir su melasa. Melasa que como el ámbar extraído puede volverse fósil o no, depende del cromosoma interno.

Así podríamos decir que muchas mujeres viven con un corazón jurásico que ha debido usar en diferentes mundos. Mundos en el que todo les fue arrebatado.

 

Ya comenzó la convocatoria del concurso de cuentos breves más masivo de Chile! agosto 20, 2007

Filed under: cuentos,Literatura — Netoli @ 12:26 am

Plagio, Minera Escondida y Metro de Santiago invitan a participar en:
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Bases: www.santiagoen100palabras.cl

Ahí está todo.

A continuación les presento el cuento que mandé el año pasado y que…obvio NO ganó.

El rucio

Si el rucio no necesita comer el pelets que picotean torpemente las palomas cerca de la Moneda, es porque éste tiene sus picadas. Su jornada consiste en desperezarse lentamente mientras larga un bostezo auspiciador, luego chequear las dependencias y dar vista a los súbditos que le menean alegremente el rabo, las olisqueadas pertinentes, determinar la orden del día y partir a su régimen alimenticio cotidiano cerca del Mercado Central, terminar el día echado en las puertas de su Palacio, soñando, quizás, con la corona sumergida en las piletas que a sus pies, celebran el próximo bicentenario

muy fome? bueno, pero por lo menos tiene 100 palabras.

 

Tocar el corazón con un alfiler agosto 19, 2007

Filed under: cuentos — Netoli @ 11:52 pm

Si yo pudiera describir su mirada. Hay un espacio ahí que nadie quizá pueda descifrar. Un espacio con coordenadas traspuestas, para el buscador incansable. Un lugar inaccesible, un absoluto misterio.

Quizás por ello y por otras cosas él se le había vuelto imprescindible. Ella quería descifrar los códigos ocultos, traducir el espejo que invariablemente estaba vuelto hacia una luna cabizbaja y sorda a los rumores humanos. Porque además, así era él, impenetrable. Pero no existe un único camino. Y seguramente ella erró la senda. No obstante tarde lo descubrió. Se dio cuenta cuando él ya se había enraizado en lo más profundo de su corazón. Y ella que creía haber vivido tanto. Haber vivido todo no es suficiente para conocer una vida y que ésta permanezca latente en nuestro corazón.

Si yo pudiera encontrar el acertijo. O enunciarlo. Pero entonces está el miedo a perder el encanto, a no poder inventarse una y otra vez, como si esto fuese una necesidad imperiosa, un mandato divino. Lo que se le olvida a esta mujer es que simplemente no podemos disponer de nada a nuestro antojo. Lo que ella sueña, vive invariablemente en esa tierra que no existe, porque los sueños sólo son en esa categoría. ¿Y qué es lo que sueña? Me pregunto una y otra vez. Ella sueña con su mirada y que habita en ella.

Pero qué digo, si él vive detrás del cristal que primorosamente haz pulido y sacado brillo para que reluzca. Él no es de esta esfera ni de este mundo.

Elena estaba cansada de esperar a Andrés. Llevaba media hora sentada en un escalón de la puerta de un edificio estropeado, enmohecido por la rutina centenaria. Habían quedado, como siempre lo hacían después de las continuas peleas, de tratar de conversar una vez más. Quizás Andrés ya estaba cansado de todo esto, de este ir y venir de palabras, de este absurdo interrogatorio. Ya estaban acostumbrados a sepultarse bajo la arena ante el más mínimo desencanto y a salir de ella a tenarazos, defendiendo hasta la última integridad a pesar del caparazón y la defensa.

La discusión de la otra vez había empezado con algo absurdo. Elena le echaba en cara el descuido de él al no contestar sus llamadas. Pero él seguía mudo bajo los olmos de la avenida y parecía pensar en otra cosa. Lo que Elena quería realmente expresar era el desconcierto que le producía su mirada, ya que ésta lo único que comunicaba era un profundo desaliento. En un momento, Andrés quiso contestar, pero una nueva avalancha de aspectos disímiles y olvidados surgía de repente de esa relación. Aspectos que él ni siquiera había atisbado. Nunca pensó que tales detalles podrían desconstruirla…
(more…)

 

La solemnidad interrumpida julio 28, 2007

Filed under: cuentos — Netoli @ 1:20 am

Andrés Gallardo – Chile

De alguna manera, don Joaquín Limonado Olmos de Aguilera olió que había llegado el momento: frente a él cuajaba, nítido, el artículo de la muerte. Don Joaquín estaba preparado; se acomodó un poco, cruzó las manos sobre el pecho, abrió los ojos lo más que pudo, miró alrededor. Estaban todos. Do Joaquín, entonces, dijo “luz, más luz”, sabiendo que eran unas últimas palabras estupendas, que todos estaban emocionados. Pero doña Bertita, que no tenía puestos los audífonos, preguntó ‘¿Cómo?’, ‘¿qué dijo?’ Don Joaquín, que había sido siempre tolerante, repitió en voz más alta, claro que con un dejo de impaciencia, “luz, más luz”. Doña Bertita se puso algo ansiosa. Preguntó ‘¿cómo, mijo?’ Don Joaquín, que ya no tenía tiempo, dijo ‘ándate a la cresta’. Doña Bertita iba a preguntar ‘¿cómo, mijo?’, cuando vio que no sacaba nada.

 

Un pequeño homenaje a Fontanarrosa julio 20, 2007

Filed under: Cómics,cuentos,Historia,Literatura — Netoli @ 11:57 pm

El 19 de julio de este año, falleció a la edad de 62 años, y después de una larga enfermedad, el “Negro” Fontanarrosa. Fanático del futbol, dejó tempranamente la escuela para dedicarse a su pasión: el cómic. Oriundo de Rosario, fue a Buenos Aires a probar suerte, pero no le fue muy bien. De vuelta en su tierra natal, otro gallo le cantó y así fue como se dio a conocer este grande de la historieta y del humor gráfico…

Ahí va nuestro pequeño homenaje

negro

La pena máxima (De Fontanarrosa)

Cuando vi que caía el Pato lo pedí, lo pedimos todos, por un momento pensé que no lo daba, pero era clarito, lo cruz con la gamba casi en el muslo y el Pato se iba, porque se iba el Pato (¡Penal! ¡Penal! ¡Lo dio! ¡Lo dio! ¡Lo dio, Chancha, lo dio, penal! ¡Penal!), cuando vi que lo daba yo salí rajando como loco para cualquier lado, se lo grité a la tribuna, el Sapo se me trepó encima y me gritaba ¡ahora Nene, ahora! (¡Lo dio, Chancha, lo dio!), yo, viste como está uno?, andaba medio boludo porque parecía que tema toda la hinchada metida en el balero, para colmo el Dapea ese me habla estrolado con tuti un poco antes y no entendía nada, s que ellos le chillaban al referí en el área, que caen naranjas (¡Lloren ahora, lloren!, qué mierda quieren?), en eso viene el Tubo y me dice “Tranquilo, flaco, vos tranquilo, no te calentés” y fue cuando me di e cuenta. Te juro, Chacho, que se me formó en la panza, acá, una pelota ¿viste?, una pelota dura, qué podido, recién caía, me agarró un cagazo de golpe como esa vez que casi me amasija el micro, te acordás?, uy, Dios mío, qué cagazo (¿Quién lo tira? ¿Quién lo tira?), te juro que sentía las gambas como de barro y digo yo me quedo en el molde, por ahí ni se acuerdan, por ahí se lo dan al Mono como se lo daban siempre, pero el Mono lo erró con Chacarita y no quiere lolas, yo lo miro y lo veo parado casi en la mitá de cancha diciendo que no con el balero (Que no se lo dean al Mono porque lo manda afuera! Patéalo vo pendejo! El Mono no que lo erra El Mono no!). Gran puta, te juro que hubiera querido no haber pedido en la perra vida patear penales y para colmo en las prácticas los embocaba todos. (Ya casi no hay protestas y veremos quien ejecuta la pena máxima), yo pensaba si lo erro me muero, me caigo muerto al piso, no salgo de la cancha, no vuelvo a casa, para qué me acordé del viejo, estaría más julepeado que yo y agarro y digo no!, no lo pateo, que lo patee otro, yo lo erro, que se queme otro y por ahí pasa el Beto, que ya me habla cargado todo el partido y me jode “guarda pibe, no lo vayas a tirar afuera” me dice (continúan las conferencias con el juez, Mainardi ya está entre los tres palos) y además pensé lo que yo le habla dicho el otro día al Mono, Mono, no seas boludo, Cómo te vas a arrugar por errar un penal?, metéle carajo”, fijate, yo al Mono, que siempre fue el que me aconsejaba en tercera “hacé esto, Ricardito”, “cuidate, Ricardito”, yo le decía porque me daba bronca que aflojara así, para mí el Mono es un especie de ídolo ¿viste?, cacé la pelota que ya estaba colocada (Garbelli Muñoz- Garbelli, ser el encargado) y me parecía que se haba callado todo el mundo (El pibe, vamo pibe, viejo, vamo, mandálo adentro!) mirá cuando miré al arco, Mainardi, hijo de una gran puta, se rea, me miraba y se rea, digo no pienso más, pienso solamente en el tiro (Garbelli está ya frente al balón, tranquilo el golquiper), se lo pongo a rastrón a la ratonera, lo fusilo arriba y si se me va alto? (gol pibe, gol, Dios mío hacelo). ¿Usted lo patea? me dice el referí y quién va a ser boludo le hubiera dicho cuando el pito me reventó en el oído como un balazo (Toma carrera Garbelli!). Corrí dos pasos (¡Goo…) y le puse un bombazo… (¡Tirooo…!) te juro que ni vi cuando levantó la red, te juro, Chacho, te juro.

 

Breve relato en el diván julio 19, 2007

Filed under: cuentos — Netoli @ 3:45 am

freud
A veces me atormenta lo efímero de nuestra condición señor psicólogo. Quisiera volver entonces a los antiguos tiempos del siglo pasado cuando los seres pensaban y podíamos irnos tranquilamente de paseo en un día despejado ¿ Se acuerda de eso?. Dar vueltas en el carrusel y caminar descuidadamente frente al malecón, pasar desenfundado bajo una escalera y jugar con los gatos negros que se cruzan torpemente por nuestro camino. Seguramente, Heiddegger se reirá al escuchar esto y a Sartre le darán espasmos continuos frente al inodoro; claro, porque fueron ellos los que nos hablaron y nos abrieron los ojos sin necesidad de Neo o la matrix para decirnos que esta era la realidad más brusca y más burda que nos hayamos inventado.

Hay épocas en que los seres sienten , otras en las que piensan y yo no sé cuál es la que estamos viviendo. Todo se nos vuelve síntesis extrema, urgencia orgásmica casi recelosa del otro, instantaneidad con poco o nada revelo de asombro, aun así, aun así persiste la idea de la condición. La condición que juega y es ociosa, callada, muy prudente, así como cuando uno espera un resultado y le dicen, “tal día”, “tal hora”, siendo que ya saben, mucho antes la respuesta. Y les da risa ver tu cara ansiosa, ellos que ya saben el futuro. Nosotros nos conformamos diciendo que no existe el futuro, pero igual ahorramos, tenemos créditos, hipotecas, depósitos. Planificamos nuestra vida así como en un armario se ordenan los vestidos, los pantalones, los zapatos… y de repente ¡plaf! Se acabó todo. ¿Por qué? ¿Será porque confiamos demasiado en las escaleras, en los andamios y en los gatos negros?. A ellos les dimos incluso de comer en nuestra azotea. Se nos olvidan los martes trece y el escapulario en el cuello. Sí, de repente se acaba. Se acaba… no sé lo que será eso.

Entonces se nubla mi corazón.